Cuando de repente vamos por la calle al aire libre, sin techo, se cae un chaparrón de agua y damos gracias a Dios por tener a esa preciada sombrilla de lluvia en la mano, ERRAMOS. El paraguas tuvo sus orígenes antes de Jesucristo, como quitasol.A día de hoy, no se acostumbra a llevar paraguas artesanalmente elaborados, con encajes, bolillos y demás enredos, pero no deja de ser un elemento imprescindible en nuestra vida durante los días de lluvia, aunque muchos prefieran mojarse o ponerse una bolsa del Carrefour en la cabeza.
Paraguas, gracias por existir.
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